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André Vanhecke y Hilde Bosteels eligen esta imponente parcela, de 14.000 m², por su enorme belleza y situación: profuso arbolado de robles y pinos, vistas sobre el Palacio de La Granja y Segovia, etc.
Son las cualidades paisajísticas de la parcela lo que obligan a integrar el edificio en su entorno, y a pesar de su gran pendiente, provocar que todas las dependencias tengan relación con el exterior.
El programa es fragmentable y por tanto se realizan pequeñas edificaciones que esquivan los árboles con facilidad y que colonizan la parcela.
El lenguaje constructivo tradicional de la zona (muros gruesos, cubiertas de teja y madera, granito abujardado), inspiran buena parte de su imagen.
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